“El teatro es tan infinitamente fascinante, porque es muy accidental, tanto como la vida.” – Arthur Miller
Viernes. Noche de Insomnio. Empanadas, Cerveza y un programa que no fue, pero creo que es parte de los vaivenes de la vida. Y así, desde el fondo de la memoria, surge el abandonado pero fiel compañero fotografiainprogress. Relegado por obligacion, no por opción, me da un intento mas de seguir creando. Para todos los que piensan que la inspiración es algo constante, accesible, que nos acompaña en el momento que la necesitemos, lamento desilusionarnos, pero no. Es esquiva, mezquina y caprichosa. Se presenta sin aviso y fluye obligándonos a prestarle atención, pero no se hace siempre presente cuando uno la necesita. Como decía Freud, “Si la inspiración no viene a mí salgo a su encuentro, a la mitad del camino”. Esta noche estoy en la mitad de la ruta y tengo la suerte que ella, también haya decidido salir a mi encuentro.
La fotografía, así como las palabras, son parte de la búsqueda de mi identidad, por lo tanto hoy decidí contarles algo sobre mis veladas del Teatro Colon. Función de Gran Abono. Salgo casi siempre sobre la hora. Elegantemente vestida para la ocasión y con tickets en mano tomo el subte línea D y comienzo el viaje. Son varias las estaciones que dejo atrás para llegar a destino y mis expectativas se aceleran a medida que el tren se acerca. Escalera mecánica. El agobio de la estación y sus chillidos quedan atrás para lentamente divisar el Gran Teatro. Y Mujica Lainez tenía razón en llamarlo así. Hay que verlo, imponente, iluminado, expectante frente a la plaza Lavalle, jugando con la fantasía de sus visitantes. Corro las escaleras mientras el timbre y las luces parpadeantes me avisan que el telón esta próximo a dar lugar a la función. No se si es por mi sueño con la danza, por los sonidos de la orquesta afinando desde el foso, por lo impetuoso de la sala y lo que representa pero no hay vez que no se entrecorte mi respiración. Y así, con los ojos nublados de emoción me entrego al espectaculo.
Desde 1908, donde nacía como una teatro más, poco a poco, fue descubriendo su magia y convirtiéndose una de las casas de Opera y Ballet mas grandes del mundo. Lejos de las famosas figuras que albergo su escenario, hay un mundo, paciente y silencioso que construye paso por paso lo que nos impacta desde el escenario. Costureras, sastres, zapateros, bordadoras, pintores, coreógrafos, escenógrafos, un frenesí subterráneo que trabaja en los talleres para entregarnos las genialidades de cada función. Ballet, Opera, Sinfónica… elijan lo que mas se adapte a sus gustos y vivan la experiencia. No espero que se fanaticen como yo, pero si quiero invitarlos a que lo vivan, que lo sumen como experiencia, que disfruten una noche que es admirada y deseadas por locales y turistas y que es producto del esfuerzo de artistas que siguen apostando a conmover desde su lugar, como yo intento hacerlo hoy con este post.
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Para los curiosos….

